martes, 19 de julio de 2011

Valentin Fuster: "Las personas que sufren un infarto son más propensas a padecer una demencia"

Valentín Fuster es el presidente de la Asociación Mundial de Cardiología desde 2006 y, recientemente, ha sido elegido científico distinguido de la Asociación Americana del Corazón. Este científico catalán y con alma americana, entra inquieto a la entrevista. Acomodado en un sillón de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander) se define claramente como "un individuo de ciencia que es responsable con la sociedad". Descubridor de la "intensa relación que existe entre los problemas de corazón y la demencia", además promueve la salud como estilo de vida. En este momento se encuentra desarrollando cinco proyectos a nivel mundial donde pretende demostrar que la educación en salud desde la infancia es fundamental para que, en un futuro no muy lejano, mejore la calidad de vida del individuo, se acorten las enfermedades, y la sanidad -"en peligro actualmente"- sea sostenible.

PREGUNTA. Sus últimas investigaciones presentan una relación, hasta ahora desconocida, entre el corazón y el cerebro. ¿Qué relación existe entre ambos?
RESPUESTA. La enfermedad de alzhéimer y la enfermedad degenerativa senil están muy unidas y es realmente difícil poder disociarlas desde el punto de vista técnico diagnóstico. Pero lo que es evidente, y que es reciente, es que hay un componente importante vascular, de falta de sangre, que interviene en la formación de las demencias, ya que parece que los vasos pequeños del centro cerebral que hasta ahora no se podían detectar por falta de tecnología juegan un papel fundamental. Y la principal razón es que los mismos factores que dan lugar al infarto de miocardio o un infarto cerebral, es decir, a patologías de las grandes arterias, son factores de riesgo que afectan también a los vasos minúsculos (existen millares de ellos) del cerebro, provocando que estos mueran y afecte de manera importante a la capacidad cognitiva del individuo. El deterioro no es inmediato sino lento, silencioso y a largo plazo.
P. ¿Cómo ha sido posible este hallazgo?
R. Sobre todo se ha producido gracias a las nuevas técnicas de imagen que, por primera vez, nos han permitido visualizar estos vasos. Teníamos la intuición de que pasaba algo pero no hemos podido verlo hasta ahora. También, casi a la par, estamos realizando estudios con población normal que nos están enseñando que los problemas cardiacos están afectando a la mente de la gente.
P. ¿Podríamos decir entonces que las personas que tengan un infarto son más propensas a padecer demencia?
R. Exactamente estoy diciendo eso. Y el problema es que nosotros, los científicos, hemos prestado más atención a los daños de las arterías grandes pero no nos habíamos dado cuenta de que las arterias pequeñitas eran las que se estaban afectando a escondidas, sigilosamente.
P. Como promotor de la salud, ¿cree que es fundamental una educación en prevención para solventar estos problemas?
R. Sí, claro, la prevención es fundamental, aunque es más complicado de lo que parece. Lo es por dos factores fundamentales: el primero es que hay que dejar de hablar de enfermedad para hablar de salud, porque económicamente esto es insostenible. Ha aumentado la esperanza de vida, lo que ha conllevado a un gasto en sanidad que ha ido en aumento los últimos años. Un segundo punto también importante es que la población en general no se considera vulnerable. La gente conoce las cosas que son malas como el tabaco, la obesidad u otros riesgos, pero la gente dice: "¿Y qué, si no me va a ocurrir a mí?"
P. ¿Y eso no es así?
R: Gracias a las técnicas de imagen nos hemos percatado de que efectivamente te va a ocurrir a ti, pero más tarde. Si una persona posee dos factores de riesgo, tiene un 25% de posibilidades de sufrir un infarto. Si quiere vivir 30 años más, su posibilidad es del 75%, por lo que la calidad de la salud es fundamental. A largo plazo, olvídate, si no haces nada, te va a ocurrir. Y yo no solo el infarto, sino que además va a afectar tu mente. Por lo que esta especie de negativismo de que "no me va a ocurrir a mí" es una epidemia en el mundo actual.
P. Ahora que usted menciona el término epidemia, muchos de sus estudios concluyen que el infarto es la epidemia de este siglo. ¿Qué otros problemas sociales influyen?
R. Otro problema es que las personas u organismos que pueden actuar en términos de salud no dialogan entre ellos. No existe un diálogo coherente para combatir lo que está ocurriendo. ¿Quién está hablando con la empresa de la alimentación, quién está hablando con el transporte, quién está hablando con educación?; ha de haber una interconexión, la salud es demasiado compleja para depender tan solo de un ministerio o de identidad. Por lo que la epidemia se explica por amabas razones, una población inconsciente y una mala gestión de la salud. Si a esto se le suma que vivimos en una sociedad de consumo, consumimos y mandamos mensajes del tipo: Aquí tienes todo lo que desees, sin control. Estamos perdidos.
P: ¿El propio individuo, cómo puede prevenir el riesgo?
R: Esta pregunta me lleva a contarle lo que estamos haciendo ahora. Hemos unido al CNIC con la fundación que tengo que se llama SHE, fundación que cree que se tiene que empezar por un sistema distinto de impacto. Tenemos, en este momento, cinco proyectos en marcha a gran escala en países como Colombia y España. El primero de estos proyectos se está desarrollando con niños ya que este grupo de edad tiene un mayor proyección, entre de tres y seis años. Considero que está es la edad en la cual se puede producir una mayor modalidad de conducta, de forma que podemos con mayor facilidad educar en términos de que la salud es una prioridad. Lo hacemos con vídeos educativos de Barrio Sésamo y creemos que esto podrá otorgar a estos niños, cuando sean adultos, una visión distinta de salud.
P. ¿Es un proyecto puntual o a largo plazo?
R. Es a largo plazo. Exactamente va a durar unos 20 años. En Colombia hemos comenzado con 25.000 niños y ahora empezamos, en septiembre, en España: España me ha ayudado mucho. Todo proyecto que he querido llevar a cabo me lo han permitido. Sobre todo Cataluña y Madrid. Los colegios elegidos son públicos y la Comunidad de Madrid está detrás de ello.
P. ¿Qué factores educativos se van a trabajar con los menores?
R. Son cuatro los puntos que estamos enseñando. El primer punto es el de la nutrición y control de la ansiedad, el segundo es ejercicio físico, el tercero es conocer tu propio organismo, este es muy importante para los niños, y luego está el cuarto punto que es el que está teniendo más impacto, que es el psicológico, de control las emociones. Esto lo que puede conllevar es que cuando al niño se le ofrezca droga en el futuro, lo más probable es que diga que no.
P. ¿Alguna conclusión que pueda adelantar?
R. Todos los estudios son científicos. Y ya contamos con alguna de las conclusiones que ha mostrado este primer estudio en Colombia como que el impacto de los niños en la conducta de los padres es más potente del impacto de los padres en la conducta del niño. Los niños son capaces de que los padres dejen de fumar, que coman en familia etcétera. El arma para educar en salud son los niños.
P. ¿Algún próximo proyecto?
R. Quiero escribir un libro para adolescentes que explique a dónde llevan las distintas conductas, por ejemplo el tabaco, el alcohol y las drogas. Le estoy dando vueltas. El chico de 14 quiere algo fácil de leer.

domingo, 10 de julio de 2011

La belleza está en el cerebro del que mira

Se dice que la belleza, más que en el objeto que miramos, está en los ojos de quien lo mira. Ahora, científicos británicos han comprobado que realmente la belleza es algo subjetivo pero no está en los ojos, sino en el cerebro de quien la mira.

Los investigadores de la Universidad de Londres (UCL) descubrieron que cuando experimentamos algo bello, como una pintura o una pieza musical, se "enciende" una región específica en el cerebro, la corteza orbitofrontal medial.

Esto muestra, dice el estudio publicado en la revista PLoS One (Biblioteca Pública de Ciencia), que la única característica que comparten todas las obras de arte, cualquiera que sea su naturaleza, es que son capaces de producir actividad en esa región del cerebro.

El profesor Semir Zeki y su equipo del Laboratorio Wellcome de Neurobiología de la UCL deseaban descubrir cuáles son las similitudes entre lo que es considerado bello por los seres humanos.

Se sabe que lo que una cultura percibe como hermoso o feo varía drásticamente de lo que es considerado bello o poco atractivo en otras culturas y sociedades.

Y aún entre una misma cultura, una persona elige algo distinto de otra cuando se trata de decidir qué es hemoso.

Hasta ahora, sin embargo, nadie había logrado comprobar si realmente la belleza es algo tan subjetivo.

"El asunto de si existen ciertas características que hagan a los objetos hermosos ha sido debatido durante miles de años tanto por artistas como filósofos, pero no se ha logrado establecer una conclusión adecuada" dice el profesor Zeki.

"También se ha debatido la cuestión de si los humanos contamos con un sentido abstracto de la belleza, es decir, un sentido que estimule en nosotros una misma experiencia emocional poderosa, independientemente de cuál sea la fuente, por ejemplo, una obra musical o visual".

"Pensamos que ya es tiempo de que la neurobiología resuelva estas cuestiones fundamentales" agrega.

Neuroestética

El científico ha estado estudiando en los últimos 10 años un nuevo campo en la neurociencia: la llamada neuroestética, que busca las bases biológicas y neurales de la creatividad, la belleza y el amor.

La idea, dice el investigador, es juntar a la ciencia, el arte y la filosofía para responder a cuestiones fundamentales de lo que es ser humano.

"El asunto de si existen ciertas características que hagan a los objetos hermosos ha sido debatido durante miles de años tanto por artistas como filósofos, pero no se ha logrado establecer una conclusión adecuada. Pensamos que ya es tiempo de que la neurobiología resuelva estas cuestiones fundamentales"

Prof. Semir Zeki

En el nuevo estudio participaron 21 voluntarios, todos de distintas culturas y orígenes étnicos, a los cuales se les presentaron una serie de pinturas y piezas musicales.

Los individuos debían clasificar a cada obra como hermosa, indiferente o fea.

Posteriormente se les presentaron esas mismas pinturas o piezas musicales mientras eran sometidos a un escáner de imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para medir la actividad en su cerebro.

Los resultados mostraron que una región en la parte delantera del cerebro, llamada corteza orbitofrontal medial, se activaba más cuando los individuos escuchaban una pieza de música o miraban una pintura que habían clasificado previamente como hermosa.

Por el contrario, ninguna región del cerebro se activaba cuando se les presentaba una obra que habían calificado de fea.

La corteza orbitofrontal medial, explican los científicos, forma parte del centro de placer y recompensa en el cerebro, y estudios en el pasado ya la habían asociado con la apreciación de la belleza.

Sin embargo, dice el profesor Zeki, ésta es la primera vez que la ciencia es capaz de demostrar que la misma zona del cerebro se activa tanto con la percepción visual como la auditiva de la belleza en un mismo individuo.

"Esto implica que la belleza realmente existe como un concepto abstracto en el cerebro" afirman los autores.

Arte "bello"

Otro resultado interesante que encontraron los científicos fue que la percepción visual de la belleza parece tener un efecto especial en el cerebro.

Cuando los participantes experimentaban la belleza en una pintura se incrementaba también la actividad en otra región del cerebro, el núcleo caudado, que se encuentra cerca del centro del cerebro.

Esta zona ha sido previamente asociada al amor romántico, lo cual, dicen los científicos, "sugiere una correlación neural entre la belleza y el amor".

Otro problema, dice el profesor Zeki, es que "casi cualquier cosa puede ser considerada arte, pero no todo el arte es hermoso".

"Por ejemplo una pintura de Francis Bacon puede tener un gran mérito artístico pero no calificaría como hermosa. Y lo mismo puede decirse de algunos de los compositores clásicos más "difíciles" cuyas composiciones pueden ser vistas como más artísticas que el rock".

"Así que con alguien que considera al rock más placentero y bello que a la música clásica, esperaríamos ver una mayor actividad en esta región particular del cerebro cuando escucha a Van Halen que cuando escucha a Wagner" dice el neurobiólogo.

"Pero ahora podríamos argumentar que sólo las creaciones cuya experiencia está correlacionada con la actividad en la corteza prefrontal orbital deberían quedar clasificadas como arte hermoso", señala el investigador.

El científico planea ahora investigar cómo y hasta qué punto la belleza está determinada por la crianza y la cultura.