lunes, 21 de marzo de 2011

Una proteína cerebral podría ser la clave para dejar de fumar

El mecanismo molecular que induce el consumo de grandes cantidades de nicotina puede ser alterado al manipular los niveles de una proteína cerebral específica, según un estudio del Instituto de Investigación Scripps en Júpiter (Estados Unidos) que se publica en la edición digital de la revista Nature.

La nicotina estimula la subunidad alfa-5 del receptor de la acetilcolina nicotínico en el cerebro. Este receptor está presente en grandes números en un mecanismo neural específico, el tracto habenulo-interpeduncular, que se conoce por suprimir las señales de recompensa.

Los científicos, dirigidos por Paul Kenny, muestran que los roedores que carecen de este receptor trabajan por pequeñas cantidades de nicotina, como los animales normales, pero también buscan altas concentraciones de nicotina, lo que los animales normales encuentran desagradable y evitan.

Experiencias con roedores han mostrado cambios

Los autores muestran que la alteración de los niveles del receptor en el tracto habenulo-interpeduncular cambia la cantidad de nicotina que los animales consumen.

El estudio podría ofrecer una explicación de por qué la variación genética en el gen que codifica la subunidad alfa-5 aumenta la vulnerabilidad ante la adicción al tabaco en los humanos, al proporcionar una señal negativa en respuesta a los altos niveles de nicotina, por ello limitando el consumo.

martes, 15 de marzo de 2011

Estudio revela que la comida rapida aumenta el riesgo de sufrir depresión


Investigadores de las universidades de Navarra y Las Palmas de Gran Canaria han demostrado que la ingestión de grasas trans y saturadas aumenta el riesgo de sufrir depresión y que, por otro lado, el aceite de oliva protege contra esta enfermedad mental. Su trabajo se publica en la revista ‘PLoS ONE’.


Los investigadores han confirmado estos resultados tras estudiar durante más de seis años a 12.059 voluntarios del Proyecto SUN, de los que se tenían datos de su dieta, estilo de vida y trastornos de salud, analizados al inicio del estudio, durante su transcurso y al final. De esta forma, los autores confirmaron que a pesar del hecho de que al inicio del estudio ninguno de los voluntarios sufría depresión, al final de éste existían 657 nuevos casos.


De todos estos casos de depresión, los participantes con un consumo elevado de grasas trans (las presentes en forma artificial en productos de bollería industrial y comida rápida y de forma natural en ciertos productos lácteos) “presentaban hasta un 48% más de riesgo de depresión cuando se les comparaba con los participantes que no consumían estas grasa”, afirma Almudena Sánchez-Villegas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.


Además, el estudio demostró una relación entre dosis y respuesta, “mediante el que cuantas más grasas trans se consumían, mayor era el efecto perjudicial que producían en los voluntarios”, señalan los autores.
Además, el equipo dirigido por Miguel Ángel Martínez-González, de la Universidad de Navarra, también analizó la influencia de las grasas poliinsaturadas (abundantes en los aceites de pescado y vegetales) y del aceite de oliva sobre la depresión. “De hecho, descubrimos que este tipo de grasas más sanas, junto con el aceite de oliva, están asociadas con un menor riesgo de sufrir depresión”, aclara Martínez-González.
Resultados del estudio


Los resultados del estudio corroboran la hipótesis de una mayor incidencia de la enfermedad en países del norte de Europa en comparación con los países del sur, donde prevalecen los patrones de dieta mediterránea. No obstante, los expertos indican que la incidencia de la enfermedad ha aumentado en los años recientes y que en la actualidad existen 150 millones de personas afectadas en todo el mundo.


La investigación se ha realizado en una población con un bajo consumo de grasas trans, dado que suponía sólo un 0,4 por ciento del total de energía que consumían los voluntarios. “A pesar de ello, observamos un aumento en el riesgo de sufrir depresión de casi un 50 por ciento”, concluye Miguel Ángel Martínez.


Por último, el análisis sugiere que tanto la depresión como la enfermedad cardiovascular se ven influidas de forma similar por la dieta y que podrían compartir mecanismos similares en su origen. Esta hipótesis es además sugerida por numerosos estudios que indican el efecto dañino de las grasas trans y saturadas sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular.

jueves, 10 de marzo de 2011

La relatividad alimenta la batería de tu coche


No tienes que ir en una nave casi a la velocidad de la luz para ver los efectos de la relatividad – pueden surgir incluso en un automóvil que se desplace lentamente. Las baterías de plomo-ácido que arrancan la mayor parte de los motores de los vehículos obtienen aproximadamente el 80 por ciento de su voltaje a partir de la relatividad, de acuerdo con un trabajo teórico publicado el 7 de enero en la revista Physical Review Letters. El efecto relativista proviene de los electrones de movimiento rápido en los átomos de plomo. Las simulaciones por ordenador también explican por qué las baterías de estaño-ácido no funcionan así, a pesar de las aparentes similitudes entre el estaño y el plomo.

Los electrones normalmente orbitan sus átomos a velocidades mucho menores que la de la luz, por lo que los efectos relativistas pueden ignorarse en gran parte cuando se describen las propiedades atómicas. Pero notables excepciones incluyen los elementos más pesados de la tabla periódica. Los electrones deben obitar casi a la velocidad de la luz para contrarrestar la potente atracción de su gran núcleo. De acuerdo con la relatividad, estos electrones de alta energía actúan en cierta forma como si pensaran que tienen una masa mayor, por lo que sus orbitales deben disminuir de tamaño en comparación con los electrones más lentos, para mantener el mismo momento angular. Esta contracción, que es más pronunciada en los orbitales s de simetría esférica de los elementos pesados, explican por qué el oro tiene un tono amarillento y el mercurio es líquido a temperatura ambiente1.

Trabajos anteriores han estudiado los efectos relativistas de la estructura cristalina del plomo, pero se ha realizado poca investigación sobre las propiedades químicas de estos elementos químicos. Por lo que Rajeev Ahuja de la Universidad de Uppsala en Suecia y sus colegas decidieron investigar la forma más ubicua de la química del plomo: las baterías de plomo-ácido. Esta tecnología de 150 años de antigüedad está basada en células que constan de dos placas – hechas de dióxido de plomo (PbO2) – inmersas en ácido sulfúrico (H2SO4). El plomo libera electrones para convertirse en sulfato de plomo (PbSO4), mientras el dióxido de plomo gana electrones y también se convierte en sulfato de plomo. La combinación de estas dos reacciones da como resultado una diferencia de voltaje de 2,1 voltios entre las dos placas.

Aunque ya existen modelos teóricos sobre las baterías de plomo-ácido, Ahuja y sus colaboradores son los primeros en derivar uno a partir de los principios fundamentales de la física. Para hallar el voltaje de la célula, el equipo calculó la diferencia de energía entre las configuraciones electrónicas de los reactivos y los productos. Como en un problema de un libro de texto de física que implica bolas rodando colina abajo, no hubo necesidad de simular los detalles de los estados intermedios, siempre que pudiesen calcularse las energías inicial y final.

“La parte verdaderamente difícil es simular el electrolito del ácido sulfúrico”, dice el miembro del equipo Pekka Pyykkö de la Universidad de Helsinki. Para evitarlo, los investigadores imaginaron que la reacción empezó no con el ácido, sino con la creación del ácido a partir de SO3, que es más fácil de simular. Y luego restaron la energía para la creación del ácido (conocida por medidas anteriores) del total. “Encendiendo” y “apagando” las partes relativistas de los modelos, el equipo encontró que la relatividad da cuenta de 1,7 voltios en cada célula, lo que significa que 10 de los 12 voltios de la batería de un coche proceden de efectos relativistas.

Sin relatividad, defienden los autores, el plomo actuaría como el estaño, que está justo por encima en la tabla periódica y que tiene el mismo número de electrones (cuatro) en sus orbitales p y s más externos. Pero en el núcleo del estaño sólo hay 50 protones, en comparación con los 82 del plomo, por lo que la contracción relativista del orbital s más externo es mucho menor. Simulaciones adicionales demostraron que una hipotética batería de estaño-ácido produciría un voltaje insuficiente para que fuese práctica, debido a que el dióxido de estaño no atrae con suficiente fuerza a los electrones. El relativamente alejado orbital s del estaño no proporciona un pozo de energía bastante profundo para los electrones comparado con el plomo, según encontró el equipo. En el pasado, los investigadores sólo habían encontrado una comprensión cualitativa de por qué las baterías de estaño-ácido no funcionaban.

Ram Seshadri de la Universidad de California en Santa Barbara dice que se esperaba que hubiese efectos relativistas, pero no que fuesen tan predominantes. “En el ámbito del trabajo, la capacidad para simular con fiabilidad un dispositivo tan complejo como una batería de plomo-ácido a partir de (casi) sus principios básicos, incluyendo todos los efectos relativistas, es un triunfo del modelado”, comenta Seshadri.